Compártelo en tus Redes Sociales:
Entrevista de Isabel Báez a Manuel Richart, paisajista en Paivert. Seleccionado en el Festival Internacional de Jardines de Allariz por su proyecto Magua. 

En la foto, Manuel e Isabel Richart, integrantes del equipo de Paivert.
Por sus venas corre savia, como a él le gusta decir, y se nota. La pasión que Manuel Richart, de Paivert, imprime a sus trabajos se transmite, como más de 30.000 personas han podido comprobar visitando su jardín Magua, y los otros 10 seleccionados en el Festival de Jardines de Allariz este año 2012. Hasta el mes de noviembre continuará abierto este importante evento paisajista en esta localidad gallega, cerca de Orense.

Allariz ya tiene un lugar destacado en el mapa. En el físico, junto al río Arnoia, en un entorno que ha sido considerado reserva de la biosfera. En el paisajístico, como una cita única en su género en España. Y de las pocas en su clase. Nuestro país cuenta con muy pocos ejemplos similares, y ninguno organizado como este: el Concello de Allariz (Orense) financia y construye los 12 jardines efímeros que un jurado experto selecciona cada edición (y ya van tres), en un recinto exclusivamente dedicado al encuentro. Una apuesta firme que no ha traído sino satisfacciones y muchos éxitos al municipio.
–Teniendo savia en lugar de sangre, no quedaba otra que trabajar como paisajista ¿no es así?
–Manuel Richart: He nacido para eso. Desde pequeño me apasionaba la naturaleza, las plantas. Mi padre es cazador y yo me quedaba mirando las plantas en lugar de los animales. Por eso decidí estudiar agrónomo y me especialicé con el máster en paisajismo de la Politécnica de Valencia. Llevo más de ocho años dedicado al mundo del paisajismo, en muchas áreas. Ahora hemos dado el salto con Paivert, pero he realizado muchos diseños y ejecución de jardines y, por ejemplo, también escaparates para la cadena de jardinería y bricolaje “Leroy Merlin”.
–Un paisajista nunca termina de formarse…
–M.R: Sigo estudiando la planta, porque nunca sabré todo lo que hay que conocer. La planta siempre me sorprende. Despierta sensaciones, sentimientos, es un ser vivo y está muy ligada al ser humano. Todos los secretos de la vida están en ella. No solo es bonita o un adorno, lo importante es lo que puede repercutir biológicamente en nosotros. Ayudan incluso a mejorar nuestra salud. No deja de sorprenderme. 
–¿Cómo se refleja esa pasión por la planta en su profesión como paisajista?
–M.R: Nuestra filosofía consiste en trabajar la planta para que nos aporte una biosolución, contra la contaminación, por ejemplo.
Los jardines verticales y azoteas que hacemos no sólo son una cuestión de diseño sino aportan beneficios a la sociedad. Una fachada vegetal no sólo protege contra los rayos UVA y conserva más el edificio, sino que ahorra recursos porque regula la temperatura. Eso es contar con la planta como aliada. Aplico a los problemas de la sociedad solución con lo que sé de las plantas, de lo que ellas me enseñan, biosoluciones, a fin de cuentas.
–¿Cómo ha acabado seleccionado en el Festival Internacional de Jardines de Allariz?
–M.R: El proceso fue porque repaso con frecuencia páginas, enlaces y blogs de paisajismo en internet. Procuro estar muy al día de la actualidad mundial en este campo. Y aparece Allariz. Me llama la atención que se haga en España, en una localidad pequeña, cuando la mayoría de los concursos internacionales están fuera y, además, suponen un coste para quien participa. En Allariz, el Concello se hace cargo de los gastos de tu proyecto, con un límite estipulado de presupuesto, y es su personal municipal el que ejecuta los jardines. Así que pensé que sería muy buena oportunidad presentarse, y fui elegido.
–¿Cuál fue su inspiración? 
–M.R: Nuestro jardín, Magua (Mundo de Agua), es fruto del trabajo de un equipo que formamos Paivert. Tenemos un producto muy avanzado tecnológicamente, una solución de jardín vertical en el que recircula el agua, así que pensé en incorporarlo a una obra artística para que la gente lo conociera, lo entendiera, para qué sirve y cómo funciona. Qué mejor oportunidad que concursar en un festival acoplando el concepto técnico al tema del concurso. Magua es un mundo imaginativo donde las alegrías son las ausencias de los miedos. Entras al jardín a través de las cortinas, que simulan una ducha del alma, dejas fuera tu estado anímico y entras a un mundo donde permanece el agua en materiales reciclados, los cristales, y ves la planta en un estado diferente, en vertical.
Las sietes piezas principales del jardín representan molinos gallegos. Fusión de la construcción del propio molino y su acueducto. Los jardines verticales que bañan estas piezas simulan artísticamente la vegetación que crece espontánea en dichos acueductos. Así se fusiona el concepto de jardín vertical con la visión artística que pide el concurso. El suelo es de arbustiva gallega. 
–¿Qué está suponiendo para usted la participación en Allariz?
–M.R: Que durante 6 meses, nada menos, la gente lo va a ver, tocar, apreciarlo. No es lo mismo verlo en la calle de pasada que poder tocarlo, verlo, analizarlo de cerca. La promoción y la repercusión que está teniendo es grandísima. Hemos salido en prensa, radio, etc. Nos ha dado un empujón importante de promoción. Hemos tenido muchas visitas en nuestra web y algún trabajo ha salido del festival.
Más allá, nos hemos implicado mucho, porque es una organización muy abierta a sugerencias, y por eso hemos escrito un libro para los niños, que gracias a los códigos QR permite también a los padres ver entrevistas a los creadores de los 12 jardines en You tube.
También hemos hecho unas camisetas, y todo lo que se nos ocurre que podemos aportar al festival, nos escuchan. 
–¿Qué cree que aporta el Festival de Allariz a la sociedad?
–M.R: Es un potencial brutal para inculcar valores. Es una pena que en España no haya más como éste. Bilbao Jardín, que es bienal, también está muy bien, pero en el sur no hay. Es triste porque, por ejemplo, la zona sur como Alicante podría tener este tipo de espacios y fomentar la jardinería xerofítica. Jardines con poco uso de agua de riego.
  –¿Cuáles fueron las mayores complicaciones a la hora de abordar la ejecución del proyecto en Allariz?
–M.R: La única dificultad fue que las piezas se fabricaron en Valencia, porque en Galicia era imposible; y el tiempo. Trabajar lloviendo para mi, fue difícil, cuando ellos están muy acostumbrados, y se organizaban perfectamente. Es un equipo muy bien coordinado, gente muy capaz de muchos recursos.

Detalles del jardín Magua, seleccionado en el Festival Internacional de Jardines de Allariz 2012