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Disponer un acolchado ayuda a proteger el suelo del jardín o del huerto. Esto es así porque esta práctica evita que la radiación intensa llegue al terreno e impide la evaporación rápida del agua.

La protección que ofrece el acolchado al terreno, evita que la radiación ultravioleta del sol destruya las bacterias y el reto de microbiota beneficiosa que pueda existir en él.

Además, permite que el suelo permanezca hidratado y, con ello, se minimiza la necesidad de aporte hídrico de los vegetales allí plantados.

Por ello, es una práctica beneficiosa a considerar en ambientes secos, en climas cálidos o en lugares muy soleados.

De la misma manera, el acolchado, al ser una estructura porosa, permite la aireación del terreno, evitando la compresión y la compactación de la tierra.

HUERTO SIN ACOLCHAR
HUERTO SIN ACOLCHAR

Por otra parte, al generar un entorno con sombra, se produce una especie de microclima que favorece la actividad microbiana, sobre todo de bacterias nitrificantes.

Pero, hay que tener en cuenta que no en todas las situaciones el acolchado resulta beneficioso. Así pues, en áreas frías y húmedas es preferible mantener el suelo sin acolchado, expuesto de manera directa a la radiación solar porque, de esta manera, se obtiene el mayor desarrollo de los vegetales allí plantados.

Los materiales orgánicos que pueden emplearse para realizar el acolchado del terreno del jardín son el estiércol, restos de cultivos, hojas, compost, serrín, heno o paja.

Así mismo, también suelen emplearse materiales inorgánicos como rocas o gravilla que localizadas estratégicamente en el terreno pueden ayudar, en áreas frías, a retener el calor del terreno.

En definitiva, con una buena pauta de diseño y un poco de paciencia se puede conseguir un huerto con un acolchado que ayudará al terreno a mantenerse sano, hidratado y libre de los efectos nocivos de la radiación solar.