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Una actividad necesaria para conseguir que este espacio permanezca saludable es planificar una adecuada rotación de los cultivos que en él se dispongan.

Al mantener constantes el tipo de cultivo en un terreno determinado, los nutrientes disponibles en el suelo van mermando por el propio consumo de las plantas. De esta manera, al disminuir los nutrientes que pueden absorber, los vegetales crecerán más susceptibles tanto al ataque de agentes abióticos (granizo, frio, etc.) como al de agentes bióticos siendo, por tanto, más sensibles a padecer alteraciones, plagas y enfermedades.

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A la hora de planificar cómo llevar a cabo una rotación de las plantas cultivadas en el huerto es importante establecer diferentes parcelas para, en sucesivas temporadas, variar el tipo de vegetal en ellas cultivados.

Así, por ejemplo, en una zona determinada se puede comenzar por instaurarse plantas que precisen gran cantidad de nutrientes; mientras que, el siguiente periodo de cultivo puede localizarse, en ese espacio, vegetales medianamente exigentes. Posteriormente, se introducirán plantas con pocas necesidades nutricionales y, por último, se elegirán variedades que, por sus propiedades fertilizantes, como ocurre con las leguminosas, pueden aumentar la calidad del suelo.

Los vegetales con elevadas necesidades nutricionales (plantas exigentes) crecen adecuadamente cuando el suelo posee altas cantidades de nutrientes. Forman parte de este grupo el maíz, la col, la acelga, las espinacas, la berenjena, los pepinos, el melón, la coliflor, el tomate o el calabacín.

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Son plantas medianamente exigentes la escarola, la lechuga o los puerros. También pertenecen a este grupo la remolacha roja o la zanahoria pero precisan un buen mantillo o compost para su correcto desarrollo.

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Los vegetales poco exigentes, por contra, son capaces de obtener nitrógeno a partir de la atmósfera o de sintetizarlo ellos mismos. Por ello, no precisan aporte externo de abono. Ejemplos de este tipo de plantas son la cebolla, los ajos y las leguminosas (judías, soja, guisantes, habas o lentejas).

En resumen, con una pauta tan sencilla como variar el tipo de vegetal cultivado en una parcela determinada, se puede mantener un huerto sano. Esto es, la organización eficaz del huerto y una rotación planificada de las plantas en él localizadas, se mejorará la calidad de este espacio.