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La turba, musgo clave en los techos verdes islandeses

Los techos verdes se han convertido en una de las técnicas más utilizadas para optimizar el hábitat en casas y edificios, pero las condiciones climáticas pueden ser un serio obstáculo para su instalación y mantenimiento. En Paisajismo Digital te mostramos cómo los islandeses han podido optimizar sus viviendas con una ingeniosa alternativa natural. ¡Veamos!

Islandia, la segunda isla más grande de Europa

La nación insular localizada en el extremo norte de Europa es conocida por sus espectaculares paisajes montañosos, así como por su gélido clima. La cercanía al Círculo Polar Ártico hace difícil el desarrollo de la vegetación, pero entre tanto terreno árido (más de las tres cuartas partes del territorio) es posible  encontrar extensos bosques  y praderas que han resistido la  deforestación.

Con una población estimada en 350.000 habitantes, Islandia ha logrado consolidarse como una nación desarrollada, pero que no olvida su herencia cultural. Parte de ese legado lo constituye su arquitectura clásica, con las famosas “casas de césped” que se popularizaron en toda Europa desde finales del siglo XIX, siendo una de las primeras manifestaciones de arquitectura sostenible conocidas en el Viejo Continente.

Las “casas de césped”, precursoras de la arquitectura sostenible

Estas viviendas eran edificadas con muros de piedra y una estructura de madera de álamo y abedul, los principales maderos provenientes de los bosques locales. Una vez edificadas, las casas eran revestidas con prado fresco, el cual funcionaba como agente conservador  para evitar el desmoronamiento de los muros de piedra y tierra, así como termostato ideal para conservar un ambiente confortable dentro del recinto.
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Algunas de estas viviendas aún se conservan como patrimonio turístico nacional.

La iglesia Hofskirkja, construída en 1884 en honor a San Clemente, es uno de los principales iconos de este tipo de estructuras aún en pie.
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Los techos verdes islandeses de hoy

El legado de las casas de césped se mantuvo vigente en la arquitectura islandesa, y hoy día la técnica ha evolucionado y sigue siendo muy utilizada en los suburbios para abaratar costos. Sin embargo, los habitantes del país insular han encontrado otro material más resistente para revestir sus techos, sin necesidad de depender de la madera y garantizando una alternativa natural para proporcionar la tan necesaria calefacción a sus hogares.

El nuevo ingrediente secreto de estos particulares techos verdes es la turba, un musgo de alto valor mineral desarrollado en bosques cubiertos por lava volcánica hace cientos de años. Al ser una fase preliminar al carbón, este musgo se caracteriza por su carencia de bacterias y por ser fácilmente manipulable, complementándose perfectamente con la piedra y la madera.

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Pese a las bajas temperaturas, la turba mantiene un verde espléndido, ya que su suelo máter es nutrido por corrientes de aguas cálidas que arriban al Atlántico provenientes del trópico. Este  musgo puede cortarse en trozos como cualquier gramado, determinando el grosor del corte según se requiera, previo proceso de secado.

La turba es la cereza del pastel de los techos verdes islandeses, proporcionando inercia térmica y estabilidad a las estructuras compuestas por piedra, madera y tierra, manteniendo el estilo clásico de las viviendas del siglo XIX. Estas han sido propuestas para ser declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin duda, la arquitectura islandesa constituye un ejemplo espectacular de cómo mezclar la arquitectura sostenible y el minimalismo con la  modernidad.

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