
El alcorque ha pasado de ser un simple hueco en el terreno alrededor del tronco de un árbol a consolidarse como un elemento funcional clave dentro del diseño paisajista contemporáneo y de los criterios de arquitectura y jardinería sostenible. En Paisajismo Digital analizamos cómo una correcta planificación del alcorque contribuye a mejorar la salud del arbolado urbano y aporta valor ambiental, funcional y estético a parques, calles, jardines ornamentales y espacios públicos.
¿Qué es un alcorque para jardines?
El alcorque es el espacio o estructura dispuesta alrededor de la base de un árbol o arbusto. Ha sido concebida para proteger el sistema radicular superficial y favorecer su correcto desarrollo. Tradicionalmente se resolvía como una simple depresión de tierra. Pero en la actualidad existen múltiples soluciones técnicas y constructivas que amplían significativamente sus funciones dentro del espacio urbano y paisajístico.
Además de permitir que el agua de lluvia y de riego infiltre directamente hacia la zona radicular, el alcorque actúa como una superficie permeable que contribuye a reducir la escorrentía superficial. Mejora la gestión del drenaje en entornos urbanizados, ayudando a prevenir problemas de encharcamiento y compactación del suelo.
En proyectos paisajísticos también puede materializarse mediante recubrimientos de caucho reciclado, hormigón, resinas o materiales sintéticos, lo cual facilita el paso peatonal sin dañar las raíces.
Tipos más comunes de alcorques para jardines
Existen distintos tipos de alcorques, adaptados al uso, al entorno y al nivel de tránsito peatonal. Los más habituales son:
- De tierra tradicionales, formados por un rebaje del terreno alrededor del tronco.
- Con bordillos de hormigón, que delimitan el espacio y evitan la pérdida de sustrato.
- Permeables con rejillas metálicas o de resina, pensados para zonas de paso frecuente.
- De caucho reciclado, flexibles, seguros y de bajo mantenimiento.
- Con áridos o grava decorativa, que aportan un acabado estético y ayudan a controlar la evaporación.
- Vegetados o “vivos”, que incorporan plantas tapizantes o herbáceas de bajo porte.
Cada uno de estos tipos de alcorque responde a necesidades diferentes y puede integrarse tanto en jardines privados como en espacios públicos con alta intensidad de uso.
Principales funciones del alcorque en espacios verdes urbanos

El alcorque cumple una función esencial al proteger la base del árbol frente al paso peatonal y el tránsito de vehículos, creando un entorno más seguro para el desarrollo del sistema radicular. Asimismo, facilita la captación del agua de lluvia y riego, reduciendo la evaporación superficial y favoreciendo la absorción de nutrientes.
En zonas con pendiente, el alcorque contribuye a estabilizar el sustrato y a disminuir los procesos de erosión. Desde el punto de vista visual, determinados diseños aportan orden y calidad estética a calles, plazas y parques, mejorando la integración del arbolado en el paisaje urbano.
Otro beneficio importante es el control de malas hierbas, ya que al cubrir el suelo se limita su crecimiento y se reduce la necesidad de herbicidas persistentes como el glifosato.
En términos ambientales, el alcorque contribuye a mitigar el efecto de isla de calor, permitiendo un enfriamiento natural de la superficie y mejorando la calidad del aire.
Además, contribuye a la seguridad peatonal al evitar tropiezos por raíces expuestas o desniveles y funciona como un elemento de separación entre zonas pavimentadas y áreas verdes.
¿Cómo incorporar alcorques de forma efectiva?

Para maximizar la eficacia del alcorque es importante adaptarlo a las condiciones climáticas locales, al tipo de suelo y a las especies sembradas, priorizando soluciones que reduzcan el consumo hídrico y el mantenimiento. En ese sentido, es clave considerar los siguientes aspectos.
Tiempo de uso del alcorque
El alcorque suele ser necesario durante los primeros años tras la plantación, hasta que la planta desarrolla un sistema radicular estable, proceso que normalmente tarda entre dos y tres años. En especies con altas necesidades hídricas o sin otro sistema de riego puede mantenerse de forma permanente.
Dimensiones adecuadas
El diámetro del alcorque debe ser algo mayor que el del cepellón y adaptarse al volumen de agua que se quiera aportar en cada riego. Para plantas pequeñas se recomienda un mínimo de 60 cm, con un pequeño borde de tierra de entre 20 y 30 cm de altura.
Colocación correcta de la planta
Al plantar, el cuello de la planta debe quedar a ras del suelo, nunca enterrado. El alcorque se forma creando un pequeño dique de tierra alrededor, sin retirar sustrato del centro para no dañar las raíces.

Riego gradual
El primer riego tras la plantación debe ser intenso para eliminar las bolsas de aire del suelo. A partir de entonces, el agua debe aplicarse suavemente, simulando una lluvia fina, para evitar la compactación del terreno.
La cantidad de agua dependerá del tipo de suelo, el clima, la especie vegetal y la frecuencia de riego. Como referencia general, un alcorque para un árbol debería poder concentrar entre 50 y 100 litros.
Protección del suelo con acolchado
Cuando la planta ya está arraigada y los riegos se espacian, es aconsejable acolchar el alcorque. Se empieza con una capa de unos 7 cm y, en la siguiente temporada, puede aumentar hasta 12 cm. Para ello suelen usarse materiales como mantillo, restos de poda triturados o áridos, evitando que se mezclen con el suelo.
Alcorques con vegetación
Una alternativa cada vez más utilizada es permitir el crecimiento de hierbas espontáneas o sembrar especies tapizantes dentro del alcorque. Esta práctica mejora la vida microbiana del suelo, favorece la infiltración del agua, reduce la evaporación y fomenta la biodiversidad.
Ejemplos del uso del alcorque en proyectos sostenibles
- En el proyecto Madrid Río, los alcorques permeables se integraron en paseos arbolados para facilitar la infiltración del agua de lluvia y reducir la escorrentía superficial. Esta intervención mejoró la salud de los árboles y contribuyó a una gestión más eficiente del agua urbana.
- Asimismo, en el proyecto Seoullo 7017 Skygarden, en Seúl, las soluciones de plantación integradas en la estructura elevada cumplen una función similar a la del alcorque en entornos altamente pavimentados, favoreciendo la gestión del agua, la protección del sistema radicular y la integración del arbolado en un espacio público de uso intensivo.
- Por su parte, en el High Line de Nueva York, los alcorques se diseñaron como elementos paisajísticos integrados en el pavimento, combinando drenaje, estética y protección radicular. Esta solución permitió crear un entorno verde funcional en un espacio público elevado y muy transitado.


High Line de Manhattan, Nueva York
De igual modo, en viviendas con árboles ornamentales, un alcorque bien dimensionado permite concentrar el riego en la zona radicular, reduciendo el consumo de agua y evitando encharcamientos en el césped circundante.
A su vez, en patios interiores o jardines de pequeño formato, los alcorques con áridos decorativos o acolchados orgánicos facilitan el mantenimiento y aportan un acabado ordenado y coherente con el diseño del espacio.
En el caso de proyectos de jardines en pendiente, el alcorque actúa como un pequeño pozo retentivo que evita la pérdida de suelo y mejora la absorción del agua. Por el contrario, en alineaciones de arbustos o setos se puede ejecutar como una acequia continua que simplifica el riego manual o automatizado.
Conclusiones de un paisajista
De este modo, el alcorque se consolida como un elemento esencial en el diseño contemporáneo de jardines y espacios públicos urbanos. Su correcta ejecución permite optimizar el aprovechamiento del agua de lluvia, reducir la dependencia de riegos frecuentes y proteger el sistema radicular frente a procesos de compactación del suelo y estrés térmico.
Desde pequeñas intervenciones residenciales hasta grandes proyectos urbanos, el alcorque se presenta como una solución eficaz y coherente con los actuales criterios de sostenibilidad, infraestructura verde y adaptación al cambio climático.



